A partir de los años 70 empieza un gran cambio dentro de las mentalidades del hombre. Existe un nuevo público para el arte que durante durante mucho tiempo había estado reservado para un cierto tipo de público dentro de salones, palacios e iglesias. Los burgueses van a ser los grandes consumidores del arte van a frecuentar las exposiciones abiertas al público como el salón de París y se multiplican los museos de arte plásticas. Los artistas no van a vivir solo de los encargos del Estado, de los príncipes, de los nobles o de los altos clérigos, ahora son los burgueses ricos lo que quieren comprar sus cuadros y adornar sus salones o contratar músicos para animar sus veladas. Vamos a entrar dentro de lo que se llama a la democratización del arte y la cultura y tendremos un nuevo concepto: LA CULTURA DE MASAS

En el arte se va a dar una gran paradoja ya que van a ser los pintores realistas los que sean los autores de la crisis del realismo. En su esfuerzo por definir la realidad y el objeto de la pintura, en su batalla por retratar el mundo y por estar al tanto de los avances científicos, llegaron a la conclusión de que la pintura es un fenómeno óptico, un estímulo de la luz sobre el ojo humano, que el cerebro va a interpretar y organizar según la experiencia anterior del sujeto.
Los pintores impresionistas sabían que el ojo humano no percibe más que manchas luminosas coloreadas que corresponden a las diversas ondas de luz que estimulan el nervio óptico, así que por ser fieles a la realidad, suprimieron el dibujo y con él la forma de las cosas y comenzaron a representar el mundo como una serie de manchas de colores. Así convirtieron la realidad en una pura irradiación luminosa. En impresiones.
El realismo se va a dar de bruces contra sus propios límites y se abrió en el arte una enorme brecha que condujo del impresionismo a las vanguardias de final de siglo.
Los pintores impresionistas realizaron esta inestimable tarea de enseñarnos a ver el mundo de otro modo. Disolvieron la forma bajo la luz, convirtieron las cosas en su destellos. Buscando cómo representar la materia, esta se les había transformado en luz es decir en vibración, se había desmaterializado. El cerebro del artista y del espectador debían reconstruir la realidad con los datos de los sentidos y en esa reconstrucción intervenía obligatoriamente el mundo interior de cada uno, sus sentimientos, sus experiencias, y hasta las cosas que cada uno sabe sin saber que la sabe, es decir lo inconsciente.
El impresionismo abrirá paso a otras formas como el cubismo, al fauvismo, el futurismo y a todas las vanguardias artísticas del primer tercio del siglo XX que rompieron la forma, el color y la perspectiva, a la búsqueda de nuevas formas de expresión, un nuevo lenguaje.
Los artistas y los científicos estaban llegando, por distintos caminos iguales conclusiones. Al ser investigada por artistas y por físicos y químicos, la materia se disolvía y dejaba al descubierto que la realidad última era la energía. Así parecían confirmarlo todos los avances en el estudio de la electricidad, el electromagnetismo y la radiación.
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