Durante el siglo XVIII, la escultura también se transformó bajo el espíritu del Rococó , alejándose del dramatismo intenso y religioso del Barroco para adoptar un tono más ligero, elegante y decorativo . Si el Barroco buscaba emocionar al espectador con gestos heroicos, martirios o éxtasis místicos, el Rococó prefirió los temas amables, alegres y sensuales . En lugar de santos en trance o figuras heroicas, aparecen putti traviesos , alegorías amorosas , escenas mitológicas bucólicas y decoraciones florales. La composición se volvió más abierta y asimétrica , dejando atrás el equilibrio axial del Barroco. Además, la escultura se integró con otras artes —arquitectura, pintura, mobiliario y estuco—, formando conjuntos decorativos unitarios que buscaban crear ambientes de ensueño y refinamiento.

François Girardon

Claude Michel Clodion

Francisco Salzillo

Otra característica importante del Rococó fue el desarrollo de una escultura de pequeño tamaño , pensada para la decoración doméstica o cortesana . Este tipo de obras reflejaba los nuevos gustos de la aristocracia, que buscaba arte más íntimo, alegre y sentimental. Se multiplicaron los bustos refinados , las figuras en terracota o porcelana , y los grupos escultóricos amorosos o mitológicos . Estas piezas, colocadas en gabinetes o salones, estaban destinadas al placer visual y la conversación, no a la devoción o la exaltación política. El escultor francés Clodion (Claude Michel, 1738-1814) fue uno de los grandes maestros de esta tendencia. Modeló escenas de ninfas y sátiros en pequeñas terracotas llenas de movimiento, ternura y sensualidad. Otro ejemplo emblemático es el Cupido amenazante (L’Amour menaçant, 1757) de Étienne-Maurice Falconet , una figura de apenas medio metro que muestra al dios del amor llevándose un dedo a los labios, en un gesto travieso y encantador. Esta escultura, encargada por Madame de Pompadour , simboliza perfectamente el espíritu rococó: refinado, íntimo y seductor. También se desarrolló una intensa producción de figuras de porcelana , especialmente en las manufacturas de Meissen (Alemania) , Sèvres (Francia) y Capodimonte (Nápoles) . Estas figurillas representaban pastores, músicos, niños o damas galantes, y eran el complemento perfecto para los interiores rococó. El escultor Johann Joachim Kändler en Meissen diseñó centenares de modelos de este tipo, combinando la precisión técnica con un encanto casi teatral.

En Alemania, donde la escultura monumental tenía menos importancia, la porcelana y el estuco fueron los campos ideales para expresar el gusto rococó. Las figurillas de porcelana y las decoraciones arquitectónicas sustituyeron a las grandes estatuas, demostrando que el arte podía brillar también en lo pequeño y decorativo.

Virtuosismo y exceso técnico: Aunque el Rococó se asocia a la ligereza, algunos escultores llevaron su arte a un nivel extremo de virtuosismo técnico , especialmente en Italia. Buscaban asombrar al espectador con efectos visuales sorprendentes, casi como trampantojos tallados en piedra.

El mejor ejemplo de este virtuosismo se encuentra en la Cappella Sansevero de Nápoles (1749-1759), donde el príncipe Raimondo di Sangro encargó esculturas que desafiaban los límites del mármol. Antonio Corradini , con su obra La Pudicizia o Modestia (1752) , talló una mujer cubierta por un velo de mármol tan fino que parece transparente.

Su contemporáneo Francesco Queirolo realizó El Desengaño (1753) , donde un hombre se libera de una red esculpida completamente en piedra. Estas obras no solo muestran habilidad, sino también un gusto por lo asombroso y lo ilusorio.


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