Quattrocento
Quattrocento es el término italiano para «los años cuatrocientos», es decir, el siglo XV. En historia del arte designa la primera fase del Renacimiento italiano, conocida también como Renacimiento temprano o Primo Rinascimento. La cronología, sin embargo, no basta para definirlo. Lo que lo caracteriza es un cambio de paradigma: la pintura deja de entenderse como una superficie simbólica y ornamental, heredera del gótico, y pasa a concebirse como una ventana abierta (finestra aperta, según Alberti) hacia un espacio racional, mensurable y habitado por cuerpos con volumen, peso y expresión.
El concepto tiene una genealogía historiográfica que conviene recordar. Vasari (1550; 1568) formuló la idea de rinascita con un esquema evolutivo de tres «edades». En él, la segunda edad corresponde al Quattrocento y se presenta como una etapa preparatoria de la «perfección» que alcanzarían Leonardo, Rafael y Miguel Ángel. Ese esquema teleológico y centrado en Florencia ha condicionado durante siglos la valoración del periodo, y la crítica actual lo trata con cautela.
Cronología y etapas
Por convención, el Quattrocento pictórico empieza hacia 1420-1425 con Masaccio, aunque sus premisas intelectuales son algo anteriores. En 1401 se celebró el concurso para la segunda puerta del Baptisterio de Florencia, entre Ghiberti y Brunelleschi. Hacia 1413-1425 Brunelleschi realizó sus experimentos ópticos de perspectiva, que conocemos por la biografía atribuida a Antonio di Tuccio Manetti.
Se suelen distinguir tres fases:
- Primera generación (c. 1420-1450): fundación del lenguaje nuevo. Masaccio, Masolino, Fra Angelico, Paolo Uccello, Filippo Lippi, Domenico Veneziano y Andrea del Castagno.
- Segunda generación (c. 1450-1480): difusión y diversificación regional. Piero della Francesca, Mantegna, Benozzo Gozzoli, los Pollaiuolo, Verrocchio y Antonello da Messina.
- Tercera generación (c. 1480-1500): refinamiento, crisis y transición. Botticelli, Ghirlandaio, Perugino, Filippino Lippi, Signorelli, Giovanni Bellini y el primer Leonardo.
El final suele situarse en torno a 1490-1500. Coinciden entonces la crisis florentina (muerte de Lorenzo de Médici en 1492, expulsión de los Médici y predicación de Savonarola en 1494-1498) con la maduración del lenguaje del Cinquecento.
La pintura del Quattrocento no se explica sin quienes la encargaban y pagaban:
- las órdenes mendicantes;
- las cofradías y los gremios, llamados arti (por ejemplo, el Arte di Calimala);
- las grandes familias mercantiles y banqueras: Médici, Brancacci, Strozzi, Sassetti, Tornabuoni;
- las cortes principescas: Montefeltro en Urbino, Gonzaga en Mantua, Este en Ferrara;
- el papado, sobre todo con Sixto IV y la decoración de la Sixtina en 1481-1482.
características formales y técnicas
1. La perspectiva lineal o costruzione legittima
Es el rasgo más definitorio. Alberti la codificó en De pictura (1435 en latín; 1436 en versión vulgar, dedicada a Brunelleschi). El método consiste en un plano del cuadro que corta la pirámide visual, un punto de fuga único (el punto céntrico) y una disminución proporcional de las magnitudes. Alberti propone también el «velo» o intersegazione como instrumento práctico.
Panofsky (1927) interpretó la perspectiva como «forma simbólica», es decir, como la expresión de una concepción del espacio homogénea, infinita y ligada a un sujeto observador. Esta tesis ha sido muy influyente, pero también discutida. Autores como Edgerton (1975) y Kemp (1990) la matizan desde la historia de la óptica y de la práctica de taller, y subrayan que la perspectiva del siglo XV rara vez se aplica con rigor absoluto. A menudo se combina con licencias expresivas o narrativas.
2. El volumen, el claroscuro y el rilievo
Siguiendo a Giotto, la figura se modela mediante gradaciones de luz y sombra a partir de una fuente luminosa coherente. El rilievo, la ilusión de relieve, se convierte en un criterio de valoración de primer orden. Cristoforo Landino, en su comentario a Dante de 1481, lo elogia en Masaccio. Baxandall analizó este texto como testimonio del vocabulario crítico de la época.
3. La luz y el color
Hay que distinguir dos tradiciones:
- La florentina: privilegia el disegno y la delimitación del contorno, lo que Alberti llama circonscrizione.
- La de la luz y el color: va de Domenico Veneziano a Piero della Francesca, con una luz diáfana y cenital que unifica la escena. Culmina en Venecia con Bellini, donde el color adquiere valor estructural.
4. La historia y la composición
Para Alberti, la obra suprema del pintor es la historia, la narración. Debe ser variada pero no confusa, estar compuesta con decoro y expresar los «movimientos del ánimo» mediante los «movimientos del cuerpo». Esto conduce a una nueva gramática gestual y a una organización clara de los grupos humanos en el espacio.
5. El cuerpo humano, la anatomía y la proporción
Se estudian el desnudo, la proporción de raíz vitruviana, el escorzo y el movimiento. Los Pollaiuolo y Signorelli exploran la musculatura en tensión, y Mantegna la estatuaria antigua.
6. La recuperación de la Antigüedad
La Antigüedad reaparece en las arquitecturas fingidas, los repertorios ornamentales (guirnaldas, putti, grutescos a finales de siglo) y los temas mitológicos y alegóricos, en un diálogo complejo con el humanismo filológico y filosófico. Un ejemplo es la Academia Platónica de Careggi, con Marsilio Ficino. Hay que advertir que la lectura estrictamente neoplatónica de las mitologías de Botticelli, propuesta por Gombrich y Panofsky, sigue siendo objeto de debate.
7. El naturalismo y el retrato
La pintura incorpora el paisaje, la observación de la naturaleza y el retrato individualizado. Primero predomina el perfil de tradición numismática (el díptico de los Duques de Urbino de Piero). Después se impone el tres cuartos de origen flamenco (Antonello). La inclusión de comitentes y contemporáneos en las escenas sagradas se generaliza, como en Ghirlandaio y Gozzoli.
8. Nuevas tipologías
El políptico gótico, compartimentado y de fondo dorado, cede paso a la pala unificada y a la sacra conversazione. En ella la Virgen y los santos comparten un mismo espacio perspectivo, como en Fra Angelico, Domenico Veneziano o Piero. El oro se reduce progresivamente o se sustituye por una imitación pictórica.
9. La técnica
Pintura sobre tabla. Predomina el temple al huevo sobre tabla preparada con yeso y cola, un procedimiento que Cennino Cennini describió en su Libro dell’arte (c. 1400). Desde mediados de siglo el óleo se introduce progresivamente, primero en técnicas mixtas. Contribuyen a ello Antonello y la influencia de obras flamencas presentes en Italia. El Tríptico Portinari de Hugo van der Goes llegó a Florencia hacia 1483 y causó un fuerte impacto.
Pintura mural. El fresco se realiza con dibujo preparatorio (sinopia), jornadas de trabajo (giornate) y, cada vez más, cartones transferidos mediante spolvero o incisión.
Contratos. Los contratos de la época especifican materiales, como la calidad del azul de ultramar, y la proporción de trabajo que debía hacer el maestro frente al taller. Baxandall (1972) estudia, por ejemplo, el contrato de 1485 de Ghirlandaio para la Adoración de los Magos del Ospedale degli Innocenti. Estos documentos muestran que, a lo largo del siglo, el valor se desplaza de los materiales preciosos hacia la destreza del pintor.
RESUMEN
El Quattrocento constituye uno de los momentos de mayor densidad innovadora de la historia de la pintura. Su aportación esencial fue unir el conocimiento matemático-óptico, el estudio de la naturaleza y la recuperación del legado antiguo en un sistema coherente de representación, orientado a la narración persuasiva y a la dignificación de la figura humana.

Quinquecento
Giovanni Bellini
Leonardo da Vinci
Miguel Ángel
Rafael de Sanzio



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